La Coctelera

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26 Septiembre 2009

Despiértate Maggie, creo que tengo algo que decirte...

Despiértate Maggie, creo que tengo algo que decirte
estamos a finales de septiembre y debería volver al colegio,
sé que te he tenido entretenida, pero siento que me has usado,
oh Maggie, no podría seguir intentándolo más,
me alejaste de casa porque no querías estar sola,
me robaste el corazón pero igualmente te quiero

Cuando el sol de la mañana se refleja en tu rostro muestra tu edad
pero esto no le preocupa a mis ojos, ya que para mí tú eres todo,
me he reído de todas tus bromas, no necesitas persuadirme,
oh Maggie, no podría seguir intentándolo más,
me alejaste de casa porque no querías estar sola,
me robaste el corazón pero igualmente te quiero

Todo lo que necesitaba era una amiga que me diera una mano,
pero tú te volviste mi amante, y madre, ¡que amante!, me desgastaste,
todo lo que hiciste fue destrozar mi cama,
y por la mañana patearme la cabeza,
oh Maggie no podría seguir intentándolo más,
me alejaste de casa porque no querías estar sola,
me robaste el corazón pero igualmente te quiero

Supongo que puedo coger mis libros y volver nuevamente al colegio,
o robar el taco de mi padre y vivir de jugar al billar,
o buscarme una banda de rock and roll que necesite una mano,
oh Maggie, desearía nunca haber visto su rostro,
me haces sentir como un tonto de primera clase,
pero  estoy tan ciego como un tonto puede estar,
robaste mi corazón, pero igualmente te amo

Oh Maggie, desearía nunca haber visto su rostro,
tendré que volver a casa en estos días

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20 Septiembre 2009

Flamin' Groovies - Shake some action

Los Flamin' Groovies grabaron a mediados de los setenta uno de los discos más recomendables dentro de lo que podríamos denominar revisionismo sesentero, una práctica que han llevado a cabo infinidad de grupos a lo largo de los últimos cuarenta y cinco años -dos ejemplos rápidos y cercanos los tenemos en la obra de Bronco Bullfrog o en Los Negativos del imprescindible Piknik caleidoscópico-. Roy Looney, cantante de la banda desde sus comienzos, había sido sustituido por Chris Wilson, dejando a Cyril Jordan como cabeza más reconocible dentro de la formación. La pasión de ambos por la música que quince años antes había comenzado a mover los pies de unos jóvenes hambrientos de rock emergió vigorosamente a la hora de pensar en un nuevo trabajo. El productor, Dave Edmunds (ex Love Sculpture), ayudó a confeccionar unas canciones que parecen sacadas de algunas sesiones perdidas de los primeros Beatles, Rolling Stones o Byrds. Figuras como Bo Diddley, Buddy Holly o Phil Spector podrían añadirse también a la interminable lista de artistas reverenciados por Cyril Jordan y los suyos.

Grabado en los estudios Rockfield de Gales -donde, según Wilson, “lo único que podíamos hacer era sentarnos en la cocina de esa granja centenaria”-, la mitad de Shake some action (Sire, 1976) está compuesta de versiones. Temas como Let the boy rock’n’roll (Lovin' Spoonful), I saw her (Charlatans), Misery (Beatles) o She said yeah (Larry Williams) mantienen el sudor de las originales -algo ya de por sí muy complicado- y se asientan perfectamente entre las compuestas por el tándem Jordan-Wilson. Entre estas últimas, es imposible no destacar la pieza que da nombre al álbum. Shake some action, uno de esos momentos de insólita perfección, nació de tres ideas distintas que a Jordan le rondaban por la mente: “Tenía la intro, el riff principal y el estribillo. Estaban guardadas para desarrollarlas y escribir tres canciones. Una noche dije: esto suena bien si lo junto todo. ¿Por qué no lo hago?’’. El resultado es un tema al que no podemos -ni debemos- escatimar elogios. Shake some action, al igual que la emocionante You tore me down, fueron recuperadas de unas sesiones celebradas en 1972. El resto del disco deslumbra por igual, especialmente en ese cierre con Teenage confidential -el reverso de aquel Teenage head en donde nos confesaban que “ella es una máquina de amor adolescente”- y I can't hide ("no puedes esconder lo que sientes hacia mí / Puedo leerlo en tus ojos y me gusta lo que veo").

Con su siguiente trabajo, Flamin' Groovies now (Sire, 1978), el grupo continuaría por la misma senda, recogiendo el testigo de la década anterior gracias a otro puñado de nuevas composiciones y versiones -tal vez menos inspiradas- con las que volvían a homenajear a nombres como los Byrds, Cliff Richard o, una vez más, los sempiternos Beatles y Stones. En cualquier caso, los Groovies no volverían a alcanzar la brillantez de Shake some action, un álbum clásico, delicioso e irrepetible.

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13 Septiembre 2009

200 días en Sing-Sing ya tiene web

Portada: Fernando Montiel Klint

200 dias en Sing-Sing
ya tiene web. Aunque el No.3 todavía está en cocina (en unos días estará disponible para descarga), hemos querido adelantar el lanzamiento de la web. Una versión beta que todavía está por corregir y aumentar. Sin embargo, desde sus paginas ya podeis descargar los dos primeros numeros, al igual que un PDF sobre cómo insertar publicidad en la revista (para empresas, marcas y otros modelos de negocio). Por supuesto, 200 dias en Sing-Sing no va a cambiar su política de accesibilidad y cultura de participación. Continuará siendo gratuita. Ese es su estado natural y así lo bebemos.

Web | 200 días en Sing-Sing

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10 Septiembre 2009

Sidonie - El incendio

Si con Fascinado (Sony-BMG, 2005), Sidonie dieron ese importante paso que conlleva, en esto del rock, el cambio de idioma, con Costa Azul (Sony-BMG, 2007) se asentaron cómodamente en su nueva división a través de historias llenas de personajes decadentes influenciados por novelas como El gran Gatsby. Las melodías, encerradas en cápsulas que rondaban los tres minutos, se deshacían prácticamente de sus atuendos psicodélicos a la vez que retrocedían a los principios básicos de lo que normalmente entendemos como canción pop. Mientras que muchos terminamos enamorados profundamente de aquel resplandeciente trabajo, otros dieron prácticamente por perdidos al grupo.

El incendio (Sony-BMG, 2009) es, según ellos mismos, “el disco de amor de Sidonie”. El álbum, grabado en Blind Rds (Barcelona) y masterizado en los estudios Abbey Road, ha contado con la ayuda en la producción de Ricky Falkner y The Blind Joes, mientras que en Londres se han dado el gustazo de colaborar con Adam Nunn (Radiohead, Richard Ashcroft). Basado en metáforas comunes y de fácil digestión para todos, el trío barcelonés ofrece en esta ocasión las composiciones más directas y vendibles de su carrera sin que esto suponga, ojo, algo negativo. Se atreven a tocar palos impensables hace unos años (algo de rockabilly y country, incluso encontramos una habanera) y no desentonan, acertando de lleno, eso sí, en los temas más clásicos –en cuanto a estructura- como Algo nos pasará o esa golosina llamada En mi garganta.

Al final, pese al entusiasta jolgorio que desprende el álbum, se despiden con El adiós, oscuro resumen de todas las apasionadas historias aparecidas en el disco y cuyo comienzo (“como un par de necios disfrutamos del incendio sin saber que acaba en cenizas”) va a servir para cerrar este texto. ¡Aguafiestas!

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30 Agosto 2009

Ron Wood – Memorias de un Rolling Stone

Una noche, a finales de 1974, Mick Taylor, guitarrista de los Rolling Stones, comunicaba inesperadamente a Mick Jagger que dejaba el grupo. Éste le preguntó a Ron Wood, que andaba por allí, si se quería unir a ellos. Wood estaba encantado con el ofrecimiento, pero no quería dejar tirado a los Faces, grupo de rock superlativo donde militaba también Rod Stewart y que en breve comenzarían una nueva gira por Estados Unidos. Finalmente, y pasados unos meses, Wood ingresaría en la banda más sucia y longeva del planeta, dejando atrás a otros candidatos -y amigos- como Steve Marriott, Wayne Perkins, Jeff Beck, Harvey Mandel o Eric Clapton. “Estás en la banda”, le anunció Keith Richards en el Hotel Hilton de Munich, “pero no se lo diremos a nadie en años”. “Me parece muy bien”, contestó un radiante Ronnie.

Esa alegría se deja notar en muchas de las más de trescientas páginas que componen este Memorias de un Rolling Stone (Global Rhythm Press, 2008), trepidante paseo a través de cientos de anécdotas que abarcan desde sus inicios -la familia, sus primeros pinitos musicales, la escena londinense de la segunda mitad de los 60…- hasta la última gira -por ahora- de los Stones. Armado de un lenguaje directo y adictivo, Wood repasa unas vivencias llenas de amigos y conocidos -la lista sería inmensa en todos los sentidos-, vicios y desmadres. Todo ello cimentado en la familia, la música y la pintura -las páginas están salpicadas de retratos de varios artistas-, tres pilares fundamentales que, con frecuencia, se necesitan unos a otros para mantener esa sonrisa que, entre otras cosas, tanto le ha ayudado a follar.

“En aquellos años la escena de clubes estaba en todo su apogeo, al igual que las compañías de discos, situadas todas muy cerca unas de otras a lo largo de Oxford Street. Todas las discográficas (Warner Brothers, Inmediate, CBS) te invitaban a sus fiestas de Navidad, y cuando ibas de una a otra en la misma manzana te encontrabas por allí a los Stones, los Small Faces, los Pretty Things, los Kinks, los Beatles y los Dave Clark Five. Todo el que era alguien se dejaba caer por Oxford Street en Navidad. Fue una época realmente especial, de locura por el rock británico. Había un intercambio constante. Cuando los Birds tocábamos en el Ealing Club, los Who se pasaban por allí y nos restregaban por la cara su éxito. En aquel momento encabezaban las listas con “Can’t explain”, pero eso no impedía que Keith Moon se subiera al escenario y tocara con nosotros”.

Memorias de un Rolling Stone también funciona, sin llegar a profundizar, a la hora de descubrirnos discos y hacernos volver a los que conocíamos pero que, por una razón u otra, teníamos un poco olvidados. En ese sentido, es fácil interrumpir la lectura para pinchar algo de los Birds, Faces, Stones o de la carrera en solitario del propio Wood. Y es que en su discografía, al igual que ocurre con este libro, no es complicado encontrar buenos momentos.

"[...] Esa misma tarde, Jo (la mujer de Ronnie) fue y le dijo a Keith (Richards):
- ¿Me harás un favor? Mi madre nunca ha visto cocaína, así que, por favor te lo ruego, ve con mucho cuidado.
- No te preocupes, querida -respondió-. La introduciré poco a poco en el rollo."

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26 Agosto 2009

The wire

Os dejo con un nuevo texto escrito por Rand. En esta ocasión nos habla de las delicias que podemos encontrar en una serie tan inmensa como es The wire. ¡Gracias!

It’s not a war… because wars end

Hubo una época, en las sobremesas de las cadenas privadas españolas, en que los telefilmes de tres al cuarto copaban la programación. Los actores y el doblaje eran nefastos, y las historias pretendidamente lacrimógenas no resultaban ser mejores. El único interés que sustentaba un producto de tan mínima calidad era que se basaban en hechos reales, algo que en aquellos tiempos era sinónimo de implicación social o humana, y que, en teoría, multiplicaba su atractivo frente a historias inventadas de un guionista más o menos brillante. La fórmula puede que tuviese éxito al principio, pero tras treinta historias de maltratos en un seno familiar y cuarenta historias de juicios resueltos in extremis por pruebas pretendidamente confusas, cualquier espectador con una mínima capacidad de criterio cambiaba de canal automáticamente.

Los años han pasado. Hoy por hoy no es un secreto que las series de televisión cuentan con presupuestos similares a muchas de las películas que se estrenan en los cines. Los grandes actores no sólo se pueden encontrar en la gran pantalla. Y los mejores guionistas, de repente, ven como se les da la oportunidad de desarrollar historias que no se ven reducidas a dos horas de metraje, sino que pueden alargarlas durante el tiempo que sea necesario para contar una historia de forma elegante y correcta. En esta nueva edad de oro de la televisión, la calidad de muchos de los productos es indiscutible. Series como Los Soprano o A dos metros bajo tierra han marcado un antes y un después en todas sus facetas, y es poco probable que un producto cinematográfico vaya a conseguir jamás inspirar las mismas sensaciones que estas grandes producciones.

En este punto me encontré con The wire, una serie basada en hechos reales, como los telefilmes de antaño, pero desarrollada por la HBO y alabada por crítica y público. El argumento, visto de forma superficial, no me resultaba para nada atractivo. Unos vendedores de drogas en los suburbios de una ciudad norteamericana y unos policías que quieren meterles en la cárcel. Sin embargo, bien merecía una oportunidad. Y agradecido estoy de habérsela dado.

David Simon, el creador de la serie, fue durante veinte años periodista del Baltimore Sun, el periódico de la ciudad donde se desarrolla la trama. Su trabajo fue el de investigación de homicidios. Como él mismo ha comentado, tardó cuatro años en conseguir sus primeras fuentes, y otros tantos en empezar a vislumbrar lo que realmente ocurría en la ciudad tras los asesinatos, el aumento de la violencia y la incapacidad policial, la distribución de la droga, las guerras de bandas, etc. Lo que ocurría en Baltimore no se diferenciaba prácticamente de muchas ciudades norteamericanas. Y conforme pasaban los años, más iba entendiendo porqué ocurría cada cosa y que lugar ocupaba cada uno de los peones en dicho juego. Por suerte para nosotros, Simon un día decidió poner su talento a trabajar para hacer una serie que mostrase todo esto de forma fiel y sin dejar nada en el tintero. El resultado de todo ello es The wire.

Conforme avanzan las temporadas, todas las piezas sueltas de la maquinaria de la ciudad empiezan a encajar. Los vendedores de drogas la consiguen de personas que la introducen ilegalmente a través del puerto. Los jefes de dichos vendedores recaudan el dinero y pagan sobornos a altos cargos políticos de la ciudad. Estos, a su vez, se mueven pensando sólo en el beneficio personal e intervienen en la vida judicial. La influencia de la prensa, además, hacen que deban tomar decisiones para contentar a los ciudadanos y les voten en las siguientes elecciones… La máquina está corrupta pero perfectamente engrasada. Y si algo consigue esta magistral serie es despiezar sus entrañas y mostrar que la única diferencia entre el vendedor de droga de la esquina y el político de turno es su nivel de relevancia, ya que ambos forman parte de la gran telaraña.

Destacar a algunos personajes por encima de otros sería injusto. Todos y cada uno de ellos tienen una personalidad profundamente marcada y que va evolucionando a lo largo de los capítulos. Pero a todos, desde los policías que ven arruinadas sus carreras por querer hacer bien su trabajo, hasta el más malvado y ruin de los jefes de los vendedores de droga, todos, son personajes memorables y tienen momentos inolvidables. Nadie se libra de tener puntos oscuros, como el detective McNulty o el teniente Daniels, ni nadie se libra de generar cierta simpatía en el espectador, como Omar o Marlo. En esta serie no existen las pinceladas gruesas ni los manidos clichés. Cada persona es humana, con sus virtudes y defectos, como en la vida misma.

Hasta siempre, The wire.

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20 Agosto 2009

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16 Agosto 2009

Fuengirola Pop Weekend 2009

7 y 8 de agosto, Castillo Sohail y Bikini Beach de Fuengirola, Málaga

Por segundo año consecutivo hemos podido disfrutar del Fuengirola Pop Weekend, una propuesta atractiva y de calidad en una ciudad con carencia de ellas (sí, seguimos quejándonos). De nuevo el Bikini Beach y el Castillo Sohail fueron los sitios escogidos para reunir a un puñado de bandas abiertas a corrientes tan enérgicas como el powerpop o el soul, pero siempre remojando los pies en la música surf o el funk más bailongo.

El viernes la velada transcurrió en el Bikini Beach, a espaldas del castillo y con el sonido de las olas como sinfonía nocturna. Allí nos congregamos para disfrutar del buen hacer de grupos como los malagueños FileTones o Bikini Lovers. Desde Granada desembarcaban los Teenagers y Elastic Band, que pusieron a bailar a gran parte de la audiencia, especialmente cuando sonó ese pepinazo llamado A little bit of lovin’. Los estadounidenses The Mockers convencieron una vez más mientras que Juan de Pablos, que ejerció todo el fin de semana como presentador de auténtico lujo (¡cumple treinta años al frente de Flor de pasión!), cerró la noche de forma inmejorable.

El sábado, y ya instalados en el Castillo Sohail, nos dimos una vuelta por el recinto. Comprobamos tristemente que había más puestos de comida que baños disponibles -sólo dos se nos antojan poquísimos- y que la promoción de dos por uno en cervezas había desaparecido en esta edición de la pobre oferta que ofrecían las barras. Por lo demás, media entrada -más o menos como el año pasado-, buen ambiente y sitios donde adquirir chapas y camisetas (el llamado mercadillo POP).

La música de Cola Jet Set no es nuestro plato favorito, eso está claro, pero aun así sus temas aparentemente inofensivos y dulzones -y que tanto han gustado en Inglaterra últimamente- sirvieron para calentar el ambiente y comprobar una vez más la acústica tan irregular de la que gozan los muros del Castillo Sohail. Fortune Tellers nos regalaron el primer momento reseñable de la noche a base de melodías vigorosas embadurnadas de recuerdos sixties (¡la guitarra ardía!). Posteriormente, la muchachada se desmadró en las primeras filas gracias a unos Airbag, como siempre, infalibles. Los de Estepona basaron gran parte de su recital en el genial Alto disco (Wild Punk/Pias, 2008), pero sin olvidar clásicos como Elena, Territorio Dagger ó Big Aquarium. Cooper siguieron el mismo esquema, así que pudimos disfrutar por igual de temas como Hyde Park o Ruido -ambos de su nuevo disco- enredados con otros fijos del repertorio (Cierra los ojos nos volvió a enamorar). Tras ellos era el turno de The Right Ons, que abrieron fuego con Thanks, el nuevo sencillo extraído de Love inside, now! (Lovemonk2Fer, 2009), nueva entrega repleta de rock, funk y soul que supieron recrear con gran entusiasmo en el escenario del Castillo Sohail.

Además de todo ello, el festival incluía conciertos gratuitos a lo largo de la semana (Free Soul Band, The Silver Beats, DJ Toni Fontana y Bud Spencer Band), una scooterada organizada por el Vespa Club Fuengirola, y la proyección en el Cine Alfil de Kárate a muerte en Torremolinos, la macarra y divertida producción de Pedro Temboury.

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