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6 Julio 2008

Yann Tiersen, l'artiste fabuleux

Hoy cedemos la palabra a Andrea Ro. para que nos hable de Yann Tiersen. ¡Gracias!

Idealicé a Yann Tiersen cuando los títulos de crédito de Le fabuleux destin d´Amélie Poulain me revelaron su nombre. Entonces lo conocí como autor de una banda sonora y no procuré crearme mayores expectativas. Nunca lo imaginé como el genio de la melodía que es. Semanas después del visionado, mi mente seguía evocando los acordes de La Valse d´Amelié. Ecos de una canción ahora legendaria. Al poco me hice con su legado hasta la fecha (por aquel entonces 2001) y le conocí lentamente, disco a disco; desde La valse des monstres (1995) a L´absente (2001). En mis oídos penetró una amalgama de sonidos distintos, vitales, extravagantes… sonidos en exceso, multiplicados, conjugados, liberados y, en ocasiones, libertinos. Sonidos que cabalgaban entre lo correcto y una conspiración contra el matemático academicismo. Caía entonces mi concepción platónica del músico y nacía la del Artista en mayúsculas, pues aquello fue un viaje salvaje a lo largo de siete universos sonoros, a lo largo de una lucha armónica que mantenía tres constantes: piano, violín y acordeón. Tres instrumentos fetiches del compositor francés.

Poco tardó en editar C´etait ici (2002), un directo hipnótico y brutal que conquistó al público, al activo y al pasivo. En este disco, Tiersen desvirtúa la concepción romántica del violín al volcar su fuerza interpretativa sobre el instrumento. Su producto más popular: Sur Le fil y dos o tres cerdas rotas. Como escape al ensimismamiento propio de la escucha hipnótica de canciones como Bagatelle, Monochrome, Les Bras de Mer, Rue de Cascade, La Dispute… y de las voces prestadas de Dominique A., Claire Pichet o la participación de Christian Quermalet en sus días tristes, Tiersen, en su acelerado proceso creativo, nos regala una emotiva banda sonora que identifica al filme Good Bye, Lennin! (2003) y un proyecto de dos, con Shannon Wright: experimento vocal que no acaba de conquistar al seguidor tradicional que cree ver profanado su sonido original. Tiersen, imaginativo cedería después protagonismo a guitarras eléctricas y batería (en detrimento del toy-piano, violonchelo y clavicordio) en un apunte más rockero: Les Retrouvaille (2005) al que le sigue un reconocido trabajo en directo, On Tour (2006).

La carrera de este músico de composiciones infinitas y mimadas creaciones alcanza hasta su última obra del presente año: Tabarly, un acompañamiento musical o quizás una identificación musical del documental del mismo nombre. Cómo será y qué será estoy a punto de descubrirlo aunque en un anticipo he creído reconocer una vuelta a sus sonidos primigenios, con mayor influencia de la chanson francesa. Yann Tiersen, artista abismal, virtuoso de la melodía, de la composición y de la interpretación me conquistó, me descubrió como seguidora atenta y fiel, admiradora de sus directos e impaciente por los frutos de su instinto creativo. Tabarly me espera, aunque me hago de rogar pues la expectación es grande y preciso del silencio necesario para rellenarlo con ésta, su (pen)última obra.

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