El Desencanto (Jaime Chávarri, 1976)
Una mujer se acercó a mí y en sus ojos
vi todos mis amores derruidos
y me sombró que alguien amase aún el cadáver,
alguien como esa mujer cuyo susurro
repetía en la noche el eco de todos mis amores aplastados
y me asombró que alguien lamiese en las costras todavía
tercamente la substancia que fue oro,
aquello que el tiempo purificó en nada.
Y la vi como quien ve sin creerla
en el desierto la terrible sospecha del agua,
la amé sin atreverme a creerlo.
Y la ofrecí entonces mi cerebro desnudo,
obsceno como un sapo, obsceno como la vida,
como la paz que para nada sirve
animándola a que día tras día lo tocase
dulcemente con su lengua repitiendo
así una ceremonia cuyo sentido único
es que olvidarlo es sagrado.
vi todos mis amores derruidos
y me sombró que alguien amase aún el cadáver,
alguien como esa mujer cuyo susurro
repetía en la noche el eco de todos mis amores aplastados
y me asombró que alguien lamiese en las costras todavía
tercamente la substancia que fue oro,
aquello que el tiempo purificó en nada.
Y la vi como quien ve sin creerla
en el desierto la terrible sospecha del agua,
la amé sin atreverme a creerlo.
Y la ofrecí entonces mi cerebro desnudo,
obsceno como un sapo, obsceno como la vida,
como la paz que para nada sirve
animándola a que día tras día lo tocase
dulcemente con su lengua repitiendo
así una ceremonia cuyo sentido único
es que olvidarlo es sagrado.
("La alucinación de una mano o la esperanza póstuma y
absurda en la caridad de la noche", Leopoldo María Panero)

Andrea dijo
Fue una gran cabeza...con una sensibilidad que admiro. Me ha costado tiempo entender que hablar con la persona que es deseando encontrar algo de lo que fue es ya misión imposible. Me entristece la soledad del poeta.
3 Abril 2008 | 09:00 PM