La chica de los aviones
La chica de los aviones no es azafata, ni siquiera piloto (aunque eso, supongo, lo habrán descartado la mayoría a priori, ¿no?). A ella le cuesta sumar cantidades más o menos grandes de números, así que imagínense si se pone a multiplicar o dividir. Esto no viene al caso, pero es importante aclararlo: sin sumar, entre otras cosas, no puedes levantar un avión de la pista (EN PRINCIPIO). Tiene la costumbre de sentarse siempre en el último asiento, junto al pasillo, cuando puede permitírselo. Podría siempre permitírselo, ya que estamos, pues a través de su sonrisa la vida te pide perdón (que dirían Standstill). La chica de los aviones, en definitiva, viaja de aquí para allá y viceversa, perdiéndose por islas, mesetas, montañas, cielos y estrellas. Me complace anunciarles, sin embargo, que su lugar preferido de ocio y esparcimiento es el islote situado en mi corazón.
