Levon Helm (1940 - 2012)
20 Abril 2012
1 Abril 2012
Sigue valiendo la pena ponerse frente al teclado para escribir sobre discos, películas y libros. Es un medio excelente, independientemente del alcance del texto, para dar rienda suelta a esas recomendaciones que difícilmente pueden quedar encerradas dentro de uno. Para el nuevo trabajo de McEnroe cualquier referencia será merecida y bienvenida. Tenían una papeleta complicadísima, ya que Tú nunca morirás (Subterfuge, 2009) es un álbum que aún a día de hoy sigue estremeciendo de principio a fin, doliendo y quemando. Pero el caso es que con Las orillas (Subterfuge, 2011) lo han vuelto a conseguir. En apenas nueve o diez temas nos sumergen en ese mundo tan reconocible y frío, lleno de una constante melancolía y en donde, eso es cierto, de vez en cuando asoman la cabeza ciertos rayos de luz -me refiero a Las mareas, preciosa de pies a cabeza-. Y todo ello sin alzar la voz, sin rastro de excentricidades ni artificios, sólo emocionando. Una vez más, sobrecogedores.
22 Marzo 2012
“Me gusta hablar con Leonard, es un deportista y un pastor. Es un perezoso bastardo que vive en un traje”. Así comienza Old ideas (Sony, 2012), el último trabajo de Leonard Cohen y el primero desde Dear Heather, hace ya ocho años. Tras su reaparición en los escenarios y la publicación de diverso material en directo para recuperarse de la estafa sufrida por parte de su mánager, el canadiense recopila en este disco las canciones que fue componiendo en una gira que duró dos años y donde obtuvo un reconocimiento masivo, incluido nuestro país.
A sus 77 años y como bien han señalado diversos medios, Cohen recita más que canta. Susurra entre sombras y no sabemos si realmente lleva traje o está completamente desnudo mientras sujeta, eso sí, una copa de tinto en su mano derecha. Nos hace un recorrido por todas esas emociones y sentimientos que, además del sexo, importan. Para ello se apoya en escasos recursos sonoros -coros femeninos, piano, leves latidos de percusión-, llegando a la desértica y pulcra Crazy to love you, en la que únicamente le acompaña su guitarra. El conjunto adquiere así, casi sin proponérselo, una carácter íntimo y emotivo a la par que atractivo, algo que se apreciará con más facilidad sumando audiciones del álbum -algo, ya saben, en peligro de extinción-. Y es que hay que escuchar a los mayores, especialmente si el abuelo en cuestión es un bastardo trajeado llamado Leonard Cohen.
12 Marzo 2012
Los Evangelistas se dieron a conocer en la pasada edición de La noche blanca del flamenco celebrada en Córdoba. Allí, entre velas y gentío, estrenaron su particular visión de temas de Enrique Morente. El grupo, formado por los componentes de Los Planetas Jota, Florent y Eric, más el cantante de Lagartija Nick, Antonio Arias, continuaron puliendo la idea hasta completar este Homenaje a Enrique Morente (El Ejército Rojo/Octubre, 2012).
No se extrañarán del sonido del disco los seguidores de los dos últimos trabajos de Los Planetas, pues este sentido homenaje al cantaor del Albaicín podría considerarse una sobria continuación de aquellos. Si a esto le unimos la siempre presente influencia del trascendental Omega (1996), podremos hacernos una idea aproximada de lo que vamos a encontrar aquí. Y es que el rock y la psicodelia más ruidosa vuelven a hacer acto de presencia, junto a unos textos y atmósferas que consiguen recrear momentos realmente emocionantes. El acertado equilibrio de los distintos temas, que se embarcan en desarrollos más o menos largos y necesarios, termina destapándose como una de las principales virtudes del conjunto. A los ya conocidos registros de Arias y Jota tenemos que sumarles las intervenciones de Soleá Morente -Yo, poeta decadente, La estrella- y Carmen Linares –Delante de mi madre-, otro de los aspectos más destacados del álbum. Aurora Carbonell, compañera de Morente, aparece en los coros de La estrella y ha contribuido con sus cuadros para ilustrar el libreto y la portada del disco.
Grabado en El Refugio Antiaéreo y mezclado en El Fresquito, estudio del productor Martin Glover-bajista de Killing Joke-, esta obra rebosante de respeto y sentimiento parece estar llamada a ocupar un lugar importante en la música de por aquí, con permiso de los talibanes. En cualquier caso, va por ti, Maestro.
11 Enero 2012
Había dudas en 1974, el año en que los Zeppelin conocieron a Elvis, sobre quién era el rey. Ambos compartían el mismo promotor americano, Jerry Weintraub, y cuando los Zeppelin -a excepción del bajista John Paul Jones- fueron una noche a ver un concierto suyo en el Forum de Los Angeles, Elvis sintió curiosidad por conocer a ese puñado de bárbaros ingleses de largas cabelleras que estaban agotando las entradas para sus conciertos más rápido que él. Tras cantar Love me tender se dirigió a la audiencia: “Quiero anunciar a todo el mundo que Led Zeppelin, mi banda favorita, está aquí esta noche. Me gustaría que las luces se dirigieran a ellos y espero que os unáis a mí para darles la bienvenida”. Según el road manager de la banda, Richard Cole -alguien del que no siempre había que fiarse-, cuando las luces se acercaron revelaron a un John Bonham que no había tardado mucho en quedarse dormido.
Después, la banda se presentó en la casa de Elvis en Inglewood, junto al Forum. Decidido a demostrar quién era la verdadera estrella, Presley les hizo esperar hasta que la habitación en donde los iba a recibir estuvo llena. Elvis preguntó si las historias salvajes que se contaban sobre ellos durante las giras eran ciertas. Robert Plant murmuró algo sobre sus familias y la facilidad con la que los rumores se extienden. Presley se rió y el hielo se quebró. “Estuvimos hablando con él durante un par de horas”, recuerda Plant. “Estábamos de pie, formando un círculo, y discutimos sobre todo este fenómeno, esta locura. Tendrías que buscar mucho para encontrar a alguien que supiera mejor que él de qué iba todo aquello”. Según Cole, Plant y Presley incluso terminaron intercambiando versos de algunas canciones antes de que Elvis les pidiera al grupo unos autógrafos, algo que avergonzó a Bonham.
(Texto adaptado y traducido del número especial Uncut Legends dedicado a Elvis)
4 Enero 2012
Tras la disolución de Oasis, el caudal artístico, inevitablemente, se dividió en dos. Mientras que Liam Gallagher presentaba rápidamente a Beady Eye, Noel se tomó su tiempo. Ya en pleno verano anunciaba todos los detalles de sus primeros ¡dos discos! en solitario, siendo este High’s Flying Birds (Sour Mash, 2011) el que inauguraba una carrera que muchos llevaban años reclamando a gritos –tal vez, y qué lástima, todos aquellos que su hermano ya no puede entonar en directo-.
El álbum lleva el sello inconfundible del que fuera compositor y cantante ocasional de Oasis. Hay melodías y letras brillantes, épica no del todo forzada y potencia en una voz que ha mejorado con los años. Ahí están para corroborarlo The death of you and me, Broken arrow o un Everybody’s on the run que sorprende por demostrar que aún quedan en el mayor de los Gallagher ciertas ganas –y aptitudes- para intentar firmar momentos sin fecha de caducidad. Por el contrario, nos encontramos con el experimento fallido que es What a life, la alarmante intrascendencia de (Stranded on) the wrong beach y, sobre todo, con la decepción que suponen dos temas que llevaban años siendo candidatos a colarse en la discografía de Oasis; ambos, (I wanna live in my) record machine y Stop the clocks, se quedan en nada, vagando entre esa espesa niebla que ya aparecía en varias de las últimas composiciones de Noel, empezando por Little by little. El resto se completa con las correctísimas Soldier boys and Jesus freaks, If I had a gun –de rancia vestimenta- y un Dream on que lleva en la sangre algo de los suecos The Soundtrack of Our Lives.
Se podría decir que Noel ha optado en este debut en solitario por caminar por tierras ya sembradas y alejarse de territorios que nunca fueron de su incumbencia, algo que previsiblemente cambiará con su nueva entrega. Gustará a los fans y aburrirá a los de siempre. Ganará simpatías y perderá seguidores. El resto, si es que queda alguno por ahí, podrá disfrutar con algunos buenos temas y saltarse el resto. O viceversa, quién sabe.
21 Septiembre 2011
El quinto trabajo de Airbag nos sirve para afirmar algo evidente: si con su anterior Alto disco (Wild Punk Records, 2008) asimilaron de forma magistral todos los pasos dados hasta el momento pero acentuando los ramalazos power-pop, en Manual de montaña rusa (Wild Punk Records, 2011) vienen a confirmar una evolución, para muchos, de lo más lógica y natural.
Nos encontramos, por tanto, con un álbum que continúa el camino elegido hace unos años hacia los medios tiempos llenos de punk-pop –cada vez menos-, toques surf y un pop de guitarras sencillo y cristalino, especialmente si nos fijamos en el mimo con que se han tratado los arreglos y las voces. A todo ello se le suman unos textos que, si bien es cierto que contienen las clásicas referencias a lugares emblemáticos para la banda, chicas, pelis o el omnipresente verano, se instalan definitivamente en los desencuentros amorosos; en esas palabras que intentarás articular cuando te encuentres con las cenizas de aquella chica que te volvía loco en 1992, o en esos lugares que, inevitablemente, quedan en el recuerdo encadenados a detalles sentimentales agridulces –tal vez La Playa del Cristo, genial pieza instrumental que cierra el álbum, sea uno de ellos-.
Otra de las atracciones del disco son las colaboraciones, que van desde los coros de Mai Meneses (Nena Daconte) en la inicial Trailer, hasta la aparición de Josema (Los Hermanos Dalton) en La ola perfecta –de lo mejor que han grabado-, pasando por Emilio, Arturo y Joaquín de Los Nikis en Opencor. Todo ello comandado, una vez más, por Carlos Hernández en tareas de producción. ¡Septiembre sigue siendo verano!
10 Junio 2011
Fathers and sons surge de la unión en el estudio de Muddy Waters y Otis Spann. Un año antes se había editado Electric mud (MCA/Chess, 1968), el clasificado disco psicodélico de Waters junto a After de rain (Universal, 1969) –ambos vapuleados de forma sorprendente en Allmusic-, donde revisaba en clave lisérgica clásicos como I just want to make love to you, Hoochie coochie man o el Let’s spend the night together de los Rolling Stones. Un par de interesantes álbumes, para nada desechables, que tuvieron una sobresaliente continuación con este proyecto denominado Fathers and sons (MCA, 1969)
Junto a Spann (piano) se alinean verdaderos nombres de lujo: Mike Bloomfield (guitarra), Paul Butterfield (armónica) o Buddy Miles (batería) son algunos de los músicos que protagonizan un trabajo repleto de puro y eléctrico blues de Chicago. El repertorio se nutre de composiciones propias (All aboard, Long distance call) y versiones de Eddie Boyd (Twenty four hours) o Willie Dixon (I’m ready, The same thing). Un doble LP cuya segunda parte gana en intensidad al tratarse de un sudoroso directo que reproduce parte de la actuación ofrecida por la banda el 24 de abril de 1969 en el Super Cosmic Joy-Scout Jamboree de Illinois, y que culmina con una extensa lectura del infalible Got my mojo working. Suban el volumen y déjense llevar.
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